Hace un enorme frío. La noche es oscura y el silencio se hace cada vez más monótono. El rugir del viento se hace eco a través de las grietas de la ventana. De repente un estruendoso ruído inunda por completo la habitación. Una luz cegadora convierte las paredes en luminosas puertas a otra dimensión...


Leyendo textos como este, de novelas fantásticas o de terror, nos hemos dado cuenta de que estamos por completo inundados de la escena que nos cautiva, haciéndonos partícipes plenos de toda la acción. En esos momentos estamos físicamente tensos, sudorosos y al menor movimiento exterior a nosotros, pegamos un salto repentino sobre el sillón. A veces, esto nos provoca cierta ironía al saber que la realidad no es como está ocurriendo en la novela o en nuestra mente.

El mundo de los sueños, de la imaginación y nuestra fantasía son los elementos únicos para una sugestión psíquica suficiente. Empezemos por el mundo de los sueños.

LA SUGESTION ONIRICA

¿En cuantas ocasiones nos hemos despertado de un brinco, totalmente alterados por una pesadilla? ¿Cuantas otras nos hemos sobresaltado al creer en ensueños que nos caemos a un vacío irrevocable? Ciertamente muchas. Cuando llegan las horas nocturnas, nuestra mente se suelta de sus cadenas cotidianas para pasear por su propio mundo de fantasías. Algunos científicos opinan que nuestros sueños se deben a una serie de manifestaciones psíquicas producidas por sugestiones que se experimentan durante el día. Otros hablan de sustancias químicas que producen imagenes irreales, pero que en ese mismo momento del las creemos tan reales como la vida misma. Pero, ¿es cierto todo esto? Muchas personas tienen por costumbre el llevar siempre por delante antes de tomar una fuerte decisión el famoso dicho de “lo consultaré con la almohada”. Aquí toma su importancia el papel de la sugestión, que, en este caso toma el protagonismo sobre la personalidad del individuo.

Los sueños siempre han sido, desde tiempos muy remotos, portadores de mensajes, de , de soluciones, de misterios inconcebibles sobre nuestra personalidad y sobre nuestra mente. En ellos nos enfrentamos con nosotros mismos y allí, a través de las sugestiones podemos vivir las escenas que nuestra psiquis nos propone como alternativa al estrés.

IMAGINEMOS ALGO FANTASTICO

Desgraciadamente vivimos en una sociedad en la que cada día nos impide más y más el desarrollo tanto artístico como individual de nuestra mente. Todo se hace mecánicamente y se controla por computadoras. Nuestra mente se está automanipulando por la corriente de los impulsos sociales. Esto y más son factores que debemos de tener muy en cuenta para nuestro propio desarrollo interno. Cuando nos tropezamos con alguna persona fantasiosa o simplemente imaginativa, nos damos cuenta de que en ese mismo instante intentamos manipular su mente de manera incosciente para que piense en cosas más automáticas, como el trabajo, los niños, la casa, el coche. Entonces es cuando sucede una sobredosis de sugestión y el individuo cae en la depresión o el estrés. La imaginación debe ser sana. Es decir, imaginamos, por ejemplo, que viajamos a través del tiempo y nos vemos a nosotros mismos “disfrazados” con los atuendos y vestimentas de la época a la que nos hemos “trasladados”; esto posiblemente nos hará sonreir o nos hará sentir cierta curiosidad. Aquí la sugestión es casi nula. Pero si en vez de imaginar que viajamos en el tiempo, pensamos en todas las facturas pendientes, en la abuela que está enferma, en la fiesta que hemos de preparar y en todas las pequeñeces cotidianas nos autosugestionamos y nos sentimos presos de una sensación que sólo se aleja una vez realizadas todas esas cosas que tenemos pendientes. Pero, ¿que sucede entonces? pues, sencillamente, nunca dejaremos de terminar las cosas pendientes, ya que a diario nos surgen más y, por lo tanto, nos falta tiempo, aceleramos el ritmo de nuestra vida y por consiguiente nuestra mente y nuestro cuerpo reaccionan con rechazos psiquicos y pequeños síntomas físicos que pueden llevarnos a enfermedades. La imaginación es obligatoriamente un factor de autocuración. Aunque esto parezca broma, pero muchas personas han podido recuperarse a través de terapias de imaginación. Si bien, debemos de cuidarnos de pecar de exceso. Todo lleva su ritmo y su cantidad. El equilibrio consiste en la proporción.

UN REMEDIO PARTICULAR

Muchas personas no quieren reconocer un mínimo de tiempo diario para hacer estas “tonterías”. Me refiero evidentemente, a tontas terapias que pueden aliviar un dolor de cabeza, estrés o pequeñas depresiones de origen psicosomático.

Estas terapias pequeñas no son más que pequeños momentos al día para realizar ejercicios muy simples de sugestión psíquica. Yo recomiendo a aquellas personas que tengan una vida ajetreada o con facilidad para ciertas molestias psíquicas, que hagan la siguiente práctica una vez al día y a ser posible unos 15 ó 20 minutos (si no dispone de ese tiempo libre al día para realizar cualquier cosa personal, no me extrañaré de su locura…):

– Siéntese en su sillón favorito, apage el televisor o cualquier cosa encendida que pueda molestarle. Cierre las puertas de la habitación y las ventanas. Procure alejarse del ruído lo más posible. Bien, una vez sentado en su sillón y acomodado, medite unos cinco o seis minutos sobre algún problema actual que no le deje tranquilo(a) y busque las causas si es posible de ese problema. Una vez hecho esto, asuma el problema no como una tragedia sino como un rompecabezas o una adivinanza que le haya planteado alguien. Ahora cierre los ojos y relájese. Con fuerza interior y con una seguridad que nunca haya tenido afírmese a sí mismo(a): YO SOY EL EQUILIBRIO Y LA VIDA; YO SOY EL PODER Y EL AMOR; YO SOY LA FELICIDAD.

Esta última frase puede cambiarse por algo que el sujeto desee con respecto a una duda o problema personal, pero siempre es imprescindible ir encabezado con “YO SOY”. Así de sencillo, una simple autoafirmación es suficiente para una pequeña autosugestión y hacer que la persona resulte más segura de sí misma y obtener un poder sobre su físico y dominarlo. Es el llamado poder psíquico manifestado.

Ya vimos en algunas formas donde la sugestión era particularmente predominante. Pero ahora veremos otros factores de especial importancia con respecto a este tema.

Podríamos comenzar con un factor interesante relacionado directamente con la autosugestión: el miedo. Otro factor que podríamos incluir es la hipnosis. El primero induce a la sugestión de una forma natural, mientras que el segundo tiene procedimientos artificiales para provocar estados de sugestión.

SOLOS ANTE LA SOMBRA DEL MIEDO

El comportamiento humano no es siempre el mismo ante todas las situaciones de la vida cotidiana. Una de las manifestaciones de alteración psíquica y física más relevante se produce cuando una persona siente miedo y en algunas ocasiones verdadero pánico o terror.

Cuando alguien se siente enfadado, molesto o irritado, el nivel de adrenalina sube y por consiguiente las reacciones que conllevan a expulsarlas es mediante la realización de actividades bruscas.

Cuando una persona se deprime o se entristece, pasa por distintas fases de retraimiento y el cuerpo físico se desgana por agotamiento psíquico, desgana que acompaña al sujeto a todas partes.

Ahora bien, existe otro fenómeno natural que llamamos miedo, el cual crea ciertos desajustes psíquicos temporales en casos simples y desajustes también a un nivel físico. Estos desajustes pueden desembocar en manifestaciones a nivel interno en la persona, sobre todo a nivel físico; violencia, parálisis general, nerviosismo, palidéz, erizamiento del cabello y de vellos en la piel y los clásicos “vellos de punta” o “carne de gallina”. Los efectos a nivel psíquico pueden integrar la autosugestión e incluso la sugestión colectiva pudiendo crear fenómenos de alucinación en casi todos los sentidos.

Más de una vez hemos inventado un en la oscuridad, o una siniestra mano que nos acosa por debajo de la almohada, un espeluznante ruído. El simple susto que nos da un amigo nos altera de tal manera que no respondemos con la lógica de siempre y entonces nos provocan toda una secuencia de imágenes fantásticas que sólo pueden aparecer en las mejores películas de terror y ciencia ficción.

Puede comprobarse como la sugestión producida por el miedo es más efectiva cuando una persona sugestionable a tal fin se encuentra acompañada por otra en idénticas condiciones psicológicas, produciéndose en ambas sensaciones mútuas.

Aquí me gustaría hacer incapié al respecto de este punto con relación a ciertos fenómenos supuestamente paranormales donde este tipo de sugestiones se dan con gran facilidad y llevan a la consiguiente confusión de hechos. Hablo, efectivamente, de las alucinaciones y otros fenómenos similares.

Quizás la cuestión sería el perder el miedo (y no el respeto) a lo desconocido, razonando con lógica a todo cuanto sea posible en una fenomenología parapsíquica. Es decir, comprobar si es sugestión la supuesta visión de entes espectrales, extraterrestres, sonidos de ultratumba, voces de personas invisibles, etc.

Una buena manera de comprobar si somos sugestionables al miedo podría ser la realización de un pequeño ejercicio de imaginación.

Situémonos en penumbra y sentados ante una puerta cerrada. Aquí imaginamos que algo terrorífico se esconde tras esa puerta y que en cualquier momento se abrirá para mostrarnoslo. Quizás se sienta algún miedo pequeño, o seguramente una mínima tensión psicológica ante la espera que se irá haciendo mayor a medida que nuestra imaginación la creamos más real.

Realizemos ahora todo lo contrario. Imaginemos que tras la puerta se esconde algo fantástico y maravilloso para nosotros. Seguramente notaremos la diferencia.
Vemos pues, como el miedo nos hace pasar por cosas insospechadas para nosotros sobre todo en aquellas personas de gran sensibilidad emotiva que pueden provocar ideas de superstición y en algunos casos verdadera alucinaciones.

LA SUGESTION MEDIANTE HIPNOSIS

Este es el segundo de los factores a estudiar. La sugestión hipnótica es artificial, no natural.

Es muy sencillo sugestionar a un individuo previamente dormido a través de la hipnosis. Por ejemplo. Si decimos al sujeto en estado hipnótico que puede volar por encima de la ciudad como si fuera un pájaro, este lo creerá y lo realizará sin ninguna dificultad. Creará imágenes mentales tan reales para su consciencia que sentirá, efectivamente, que vuela. En este caso el hipnotizador se comunica directamente con el subconsciente del sujeto y el subconsciente se encarga luego de enviar los datos al consciente.

Ahora bien, si realizamos la misma prueba con un sujeto en estado de vigilia normal, este imaginará el vuelo, pero no lo creerá real porque no es real en ese momento para él. Entonces aquí no existe sugestión, sino imaginación. En el caso anterior la sugestión se hace efectiva porque el individuo cree vivir la situación propuesta.

Una de las aplicaciones más importantes de la sugestión hipnótica se han realizado en el campo de la medicina (sofrología). Con estas prácticas se le hace creer al paciente un poder de autoconfianza, auto afirmación y de seguridad personal en algunos aspectos importantes de su vida. Esto creará una barrera destacada que le defenderá de muchas enfermedades de origen psicosomático. De esta manera, la sugestión hipnótica tiene resultados positivos siempre que se aplique correctamente.

Así vemos de esta manera, que la sugestión, sea onírica, hipnótica o provocada por medios naturales, es algo que siempre debiéramos tener en cuenta para el desarrollo interno y de nuestras cualidades psíquicas.

Nuestra mente no sólo es capaz de realizar cálculos matemáticos, soñar, pensar, imaginar o crear. También nuestra psiquis puede construir sueños y nos hacemos partícipes de una aventura fantástica a través de los insospechados laberintos de nuestro interior. Así veremos los colores de nuestras ideas y las creaciones de nuestro espíritu.