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Un empleado del hospital Wilhelminen en Viena, Austria encontró la semana pasada en un prado cercano al hospital una en el interior de una cacerola.

El misterioso , hallado en Ottakring, había sido pintado a mano con decoraciones florales y una cruz central. Según un arqueólogo, este perteneció a un hombre de edad avanzada.

Las autoridades realizaron pruebas y verificaron que el cráneo es auténtico, pero desconocen de donde ha salido y porque fue pintado de esta forma.

Además de las decoraciones con flores, el cráneo presenta en la parte frontal central un texto que dice “gehängt 1612” (ahorcado 1612), sin embargo los expertos en sostienen estos huesos son demasiado pequeños para ser del siglo XVII, si bien hasta la fecha no se ha conseguido una datación precisa.

También el nombre de Amelie Lagrange aparece en este cráneo, sin embargo la arqueóloga Karin Fischer-Ausserer confirmó que el mismo perteneció a un hombre.

Fischer-Ausserer dijo que el cráneo es real, aunque parece conformado por distintas partes diferentes. En la parte posterior se encuentra pegada una pieza hecha con vértebras de vaca y también se cree que la mandíbula puede ser de una persona diferente.

“Se trata de una recopilación de varios componentes, ensamblados artísticamente” comentó, agregando que este hallazgo es “probablemente una broma extraña”.

La arqueóloga afirmó igualmente que el cráneo no está relacionado con ninguna muerte violenta o crimen.

Lo que resulta misterioso es qué hacía ese cráneo en un prado y porqué fue pintado de esta manera.

Desde mi punto de vista y dada mi formación profesional, la pintura del cráneo observada sólo a través de la fotografía difundida mantiene un color demasiado vivo y fresco como para tener más de 400 años, por lo que descartaría la antigüedad de la misma. La pintura parece haberse realizado en un muy próximo al hallazgo.