En 1944, Newton Anderson, un niño de 10 años, bajó una noche al sótano para abastecer de combustible al horno que debía mantener vivo cuando cayó un gran trozo de carbón al suelo, partiéndose en dos.
En ese instante, descubrió que algo metálico sobresalía de uno de los trozos. Lo que descubrió dejó fascinada a la familia y desde entonces el artefacto se convirtió en un misterio sin resolver.