Desde que en el verano de 1993 se “apareció” en Cádiz la imagen de un Cristo (al que llamaron popularmente “El Cristo del Cerro del Moro”, por localizarse el fenómeno en un barrio del mismo nombre) parece que sus gentes sienten aún más la necesidad del “milagro”.

Por Francisco Cabrera y Pilar G.

Esto parece haberse convertido ya en algo natural, pues esta necesidad religiosa, a pesar de no ser nueva, es una inquietud latente en muchos seres humanos. La sociología y la antropología han hecho correr mucha tinta en torno a estudios sobre milagros, y fenómenos religiosos de variada y pintoresca índole. Es como un resorte de salida a ciertas inquietudes internas que al no saberlas dirigir se desvían en torno a vivencias personales de características místicas. No se descarta el hecho de que algún tipo de entidad pueda presentarse a los humanos, pero tanta fenomenología aparicionista es digna de ser estudiada con exhaustividad desde varios puntos de vista científicos.

Algunos opinan que este tipo de fenómenos religiosos y más los milagros, son una necesidad (no un producto de ella) que intenta suprimir la desesperación y las dificultades de la vida. En cierto modo esto es cierto, pues cuanto más “ahogados” nos encontramos dentro de una difícil situación ¿acaso no hemos pensado en un “milagrito”, aunque sea de broma? Dicen J. Eparvier y M. Hérissé: “Si no tuviéramos, creyentes o ateos, una percepción más o menos difusa del milagro, no nos quedaría más que desesperanza y aridez. Por el contrario, creer en él sin reservas sería dar prueba de una inocencia o de un sectarismo sorprendentes. El milagro ‑la idea del milagro‑ es lo que nos queda cuando todo está perdido.[1]. En estos casos entendemos como “milagro” un suceso fuera de lo común, no necesariamente religioso, a pesar de que estos autores mencionados sean de estas tendencias. Pero, sigamos con el asunto.

En aquel mismo año se venían sucediendo otras apariciones, esta vez de la Virgen, en la localidad sevillana de Pedrera. Desde allí, la supuesta vidente, Carmen López encabezaba a una congregación de “fieles”. Su influencia pronto se dejó notar por estas tierras, aún no siendo ésta la “vidente original” de aquellas apariciones.

Apariciones en San Fernando

El 27 de mayo de 1995 ocurre algo fuera de lo común en la vecina localidad de San Fernando (Cádiz). Con una exuberante avidez religiosa, algunas personas atestiguaron haber visto aparecerse a la Virgen en el llamado Cerro de los Mártires y más concretamente en la Ermita de San Servando y San Germán. Y es que no pocos afirmarían ¡La Virgen! como signo de admiración ante tal fenómeno.

Nos enteramos del asunto y buscamos rápidamente a testigos presenciales de aquella magnificencia. Al poco dimos con una mujer, de unos 50 años, que afirmó ver en el una bola de luz blanca rodeada de otras más pequeñas de color rojo y a una distancia del centro de unos cuatro dedos. El testimonio tenía toda la esencia de un posible avistamiento , pero luego y por las observaciones realizadas más tarde concluimos que se trataba de una deficiencia óptica causada por la visión continuada y directa a nuestro maravilloso astro.

Decíamos al comienzo que esta “aparición” tenía influencias de las de Pedrera. Es bien sencillo de explicar: cada vez que alguien hablaba allí de Carmen López, la “vidente de Pedrera”, a muchos se les ponían los “ojos como platos” con ese peculiar brillo que da una oportuna emoción interna. No sabemos con exactitud si las apariciones del Cerro de los Mártires comenzaron con Carmen López o en su defecto, esta señora al enterarse del asunto corrió veloz hasta San Fernando para ver si podría también encabezarlas. Sabemos que en Pedrera se repartieron “estampitas y mensajes de Nuestra Madre” y que incluso se consolidó una hermandad religiosa la cual destibuía esos mensajes, algunos de los cuales contaban para su difusión con equipos informáticos, lo que nos hizo ver que existía una organización tras ellas.

Volviendo a las apariciones del Cerro de los Mártires hay que decir algunas cosas. Nosotros estuvimos allí y no vimos nada. ¡Tampoco va a aparecerse la Virgen todos los días! y menos a nosotros que vamos con miradas críticas (que no criticonas…). Al integrarnos en el grupo de rezos veíamos multitud de caras extasiadas, con las miradas perdidas en las alturas buscando no sabemos qué o con los ojos cerrados mientras su devoción religiosa afloraba claramente en sus rezos. Pero lo mejor no era esto. Después, al final de los rezos, un señor, que intuimos se declaraba a sí mismo “vidente” profería un apocalíptico sermón. Y… ¡vaya sermón!.

Nuestro recorrido no se acabó aquí. Tras estas palabras al público allí congregado vimos como algunos fieles observaban sin pudor al sol, suponemos con qué intenciones (esto de mirar al sol fue potenciado por el Santón de Baza en Granada, al cual le cayó algunas demandas por causar daños oculares en algunas personas).

Estábamos cerca de lo que en años atrás era un frondoso árbol, ahora lo que quedaba de él era un tronco cortado y seco, hastiado por la sequía que empedía el desarrollo de sus pequeños brotes. A este trozo de madera se acercaban niños y adultos que recogían algo del suelo. Nos acercamos y comprobamos que lo que recogían no eran más que que según preguntamos afirmaban olían a rosas. Claro que la mayoría al llevárselas a la nariz lo único que aspiraban era el purulento polvo que las envolvía tirándolas con desagrado a la tierra de donde pertenecían. ¿Porqué iban a oler a rosas esas , en ese concreto lugar, de ese concreto árbol? A menos de 2 metros había algunas plantas aromáticas…

Allí hicieron su agosto algunos videntes y que amablemente ofrecían sus “servicios” curativos imponiendo las manos de forma casi extasiada, luego un “pásate por mi consulta” y asunto concluido. Tampoco faltaban devotas de Carmen Leal, queremos decir de la Virgen de Pedrera, que traían “agua bendita” que pasaban a sus otros hermanos realizándoles una cruz en la frente y otra en el pecho, una bondadosa sonrisa celestial colmaban los rostros de estas mujeres como iluminadas por la mano del Padre Supremo.

Después de este místico espectáculo para niños, adultos y ancianos, decidimos marcharnos, no sin antes despedirnos de nuestra testigo‑contacto la cual nos afirmaba que durante los rezos llegó a oler a rosas y a romero. Nosotros mismos también llegamos a oler a rosas, cuando una de las mujeres destapó el bote de agua bendita… (agua + rosas = agua de rosas, ¡matemática pura!).

Ya a lo lejos divisábamos una bonita vista de la Ermita sobre el cerro mientras el sol se ponía. De pronto una señora gritaba:

‑ ¿lo ves? es el sol, mira que colores, se mueve… verde. rojo, azul… mira lo que hace por dentro, mira, mira ¿no lo ves?

Como imanes nos colocamos de inmediato a su lado. Nada, no veíamos nada de lo que esta señora decía a su compañera. Incluso intentábamos esforzarnos. Inútil. Los demás que pasaban por su lado nos miraban y lanzaban una sarcástica sonrisa. Esta breve escena quedó registrada en un grabador que llevábamos a tal fin.

Pero aquí no se acabó todo. El asunto aún continuó por algún tiempo en la misma dinámica.

Notas:

1.‑ Jean Eparvier y Marc Herissé. ¡Los milagros existen! Ed. Novaro, México, 1974.

Bibliografía:

Libros de carácter dogmático

  • Francisco Sánchez Ventura y Pascual. Las Apariciones de María como fenómeno universal. Ed. Círculo, Zaragoza, 1974.
  • Francisco Sánchez Ventura y Pascual. El interrogante de Garabandal. Ed. Círculo, Zaragoza, 1974.
  • Francisco Sánchez Ventura y Pascual. Las negaciones de Garabandal. Ed. Círculo, Zaragoza, 1974.
  • Francisco Sánchez Ventura y Pascual. Las Apariciones de El Palmar de Troya. Ed. Círculo, Zaragoza, 1974.
  • Francisco Sánchez Ventura y Pascual. Y el agua seguirá curando. Ed. Círculo, Zaragoza, 1974.
  • Icilio Felici. Fátima. Ed. Pía de Sociedad de San Pablo, 1943.

Libros de caracter divulgativo

  • Erich von Däniken. Las Apariciones. Ed. Martínez Roca, Barcelona, 1975.
  • Ver nota 1. (Este con matices religiosos)

Fuente: Revista Investigación Nº 11
Foto portada: Daniel Pedrera Quintana