Pocas son las cosas que pueden desgarrar la serenidad de un ser humano como puede lograrlo un buen grito: ya sea el chillido de un niño o el alarido de una actriz de película de horror. El grito activa nuestros sentidos, inunda nuestros cuerpos de adrenalina y nos prepara — desde la milenarias cavernas de nuestros antepasados — a luchar o escapar de la posible amenaza, a la misma vez que activa en nosotros el ánimo de socorrer a la persona que grita.

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Por Scott Corrales

A mediados de los 1970 circulaba un disco muy interesante sobre el fenómeno ovni–una serie de charlas por un ufólogo llamado Will Jima y cuya portada era mucho más interesante que su contenido, como suele suceder. La poderosa carátula del elepé mostraba una escena nocturna típicamente estadounidense con un platívolo aterrizado y un hombre siendo arrastrado hacia el vehículo desconocido por dos seres rarísimos. La ilustración no dejaba lugar a dudas de que el hombre era llevado hacia el objeto contra su voluntad y muy a su pesar. Era como si el eslogan publicitario de la película Alien (1979) “En el espacio no hay quien te oiga gritar” hubiese sido adaptado al fenómeno ovni.

La ciencia-ficción, desde sus albores, ha hecho que los gritos sean inseparables del celuloide: gritos al ver al , gritos al ver el monstruo, pero ¿qué sucede cuando los escalofriantes alaridos se producen aquí y ahora, y están relacionados con el fenómeno de los OVNI?

Gritos sobre Texas

Las vigilias OVNI suelen ser eventos bastante alegres en los que se dan cita los estudiosos y aquellos que sencillamente desean ver uno de los misterios más inquietantes de nuestro . Pero nada prepararía a un padre e hijo del estado de Texas (EUA) para lo les tocaría vivir a mediados del mes de junio en 1998.

El padre, que sólo fue identificado como “Pappie” pero cuyo nombre tenía las iniciales “D.M.”, informó a los investigadores que se ocuparon de su caso que a las 20:30 horas del 14 de junio se encontraba haciendo una vigilia con si hijo en las cercanías del pueblo de Leander, cuarenta kilómetros al noroeste de la ciudad de Austin, la capital del estado. “Pappie” y su hijo habían estacionado su camioneta a la orilla de un camino vecinal que ascendia la cuesta de una colina, desde la cual les era posible ver no sólo la espléndida tarde de verano sino también la región circundante.

Cuál sería el asombro de los testigos al ver dos luces en el cielo acercarse a su posición. Según el testimonio del padre, las luces se desplazaban a una velocidad constante pero seguían derroteros distintos–una hacia el suroeste y la otra hacia el sur, pudiendo ser vista a distancias considerables. “Las luces volaban demasiado bajo para ser satélites”, aclaró el testigo.

En cuestión de minutos, un fogonazo de luz azulada iluminó el fondo de un valle contiguo a la colina, cubriendo una zona cuyo tamaño estimaron los testigos como el de un campo de fútbol americano.

Mientras que el cociente de alta extrañeza aumentaba, padre e hijo afirmaron haber escuchado un sonido sumamente extraño que emanaba desde el fondo boscoso del valle que dominaba su colina. “Acto seguido”, explicó “Pappy”, escuchamos un grito que provenía de la zona boscosa al suroeste de la colina. En cuestión de cuatro segundos, nos fue posible escucharla desde el suroeste. Ningún ser humano pudo haberse desplazado semejante distancia en ese espacio de tiempo.

Ni “Pappie” ni su hijo pudieron reconocer el grito como el de un animal conocido, como lo sería un gato montés. La vocalización sonaba extrañamente humana…

Alaridos desgarradores

Hay casos en la que la presencia del fenómeno OVNI no se pone de manifiesto. El 20 de abril de 1905, la señora Rose Bushnell de la ciudad de South Fork, California (EUA) tuvo una experiencia aterradora: sentada en la compañía de sus padres, su hermana, abuelos y varios primos y amigos, Rose contó que los presentes escucharon los gritos de una multitud de hombres, mujeres y niños que provenían del cielo azulado directamente por encima de su casa. Según Rose, “los gritos parecían provenir de una distancia muy lejana, disipándose por unos cuantos minutos y regresando posteriormente con mayor volumen.

Los terribles y desgarradores gritos duraron por un espacio de quince minutos, poniéndoles el pelo de punta a los miembros y amigos de la familia Bushnell. Agregó Rose que “las mujeres, hombres y niños gritaban juntos, como si padeciesen un dolor terrible. No hay palabras que puedan describir estos horribles sonidos, que aún reverberan en mi .”

La entrevista con la señora Bell figura en el libro Strange Disappearances (Desapariciones Extrañas) de Brad Steiger, y el veterano investigador y autor trató de vincularlos con los posibles “bolsillos en el tiempo y el espacio” en que pudiesen haber caído los cientos o tal vez miles de personas que han desaparecido a lo largo de los tiempos: una especie de limbo viajante que puede absorber a los desventurados y condenarlos a la inexistencia por el resto de la eternidad. Otros investigadores más religiosos tal vez intentarían vincular este extrañísimo fenómeno en el sur de California al comienzo del s. XX con la existencia del infierno como lugar de castigo para los impíos, pero no podemos evitar la tentación de invocar la presencia de los llamados “ovnis invisibles” cuya presencia se viene describiendo desde los comienzos de la fase moderna del fenómeno ovni hace 50 años. No sería descabellado visualizar desapariciones en masa de seres humanos por obra de fuerzas extrañas, y cabe señalar que el año 1905 fue uno de fenómenos de alta extrañeza en distintas partes del mundo. “El invierno del temor” documentado por Charles Fort en sus obras dejaba paralizada a Inglaterra mientras que los Estados Unidos vivían las últimas manifestaciones de los misteriosos dirigibles o “airships” que tanta sensación causaron en su momento.

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Un fraude estremecedor

Uno de los casos más extraños de su momento–durante la época dorada del fenómeno OVNI en la década de los setenta–se produjo el 6 de agosto de 1977 en el poblado de Pelham, Georgia (EUA). Tom Dawson, un comerciante de automóviles de segunda mano de 63 años de edad que vivía en un estacionamiento de remolques, había salido a pasear a sus dos perros y a visitar vecinos como solía hacer en sus días de asueto. Posteriormente, Dawson cruzaría un prado lleno de vacas para llegar a un pequeño lago donde acostumbraba a practicar la pesca.

Justo al internarse en el prado, el testigo contó que un objeto “brillante y circular” salió del cielo para quedar suspendido casi directamente frente a él, suspendido a un metro del suelo. Dawson dijo haber se quedado paralizado–fenómeno que afectó no sólo a sus dos perros, sino a las treinta o más vacas que ocupaban el prado.

Cinco seres humanoides–tres varones y dos hembras–salieron del objeto a través de una escotilla. Los seres tenían la tez pálida, narices afiladas y orejas puntiagudas. Dos de ellos estaban totalmente desnudos y sus cuerpos carecían absolutamente de vello.

Sin dirgirle la palabra, el líder de los extrahumanos colocó una especie de gorro sobre la cabeza de Dawson para administrarle lo que parecía ser un examen físico. El “gorro” tenía varios cuadrantes y luces, y alambres conectados a un dispositivo parecido a un anillo.

La experiencia descrita por Dawson no pasaría de ser una experiencia de contacto bastante normal, dentro de lo que cabe, para aquella época, de no ser por el siguiente detalle alucinante: el vendedor de autos usados afirmó haber escuchado una voz humana que gritaba desde el interior de platívolo: ¡Yo soy Jimmy Hoffa! ¡Yo soy Jimmy Hoffa! hasta que el grito fue interrumpido repentinamente, “como si alguien hubiera tapado la boca del que gritaba con la mano”.

Llegado este momento es necesario hacer un paréntesis para explicar a quién correspondía del que gritaba. Un año antes, Jimmy Hoffa, poderoso líder sindicalista estadounidense, había desaparecido misteriosamente poco antes de entrar a un restaurante de comidas rápidas. Su desaparición había conmovido al país entero, amén de dar pie a toda clase de teorías conspirativas. ¿Había descubierto Tom Dawson el paradero del sindicalista?

Jamás llegaría a saberlo. El examen físico que le practicaron los acabó repentinamente. Acto seguido, los humanoides volvieron a ingresar en su ingenio volador y el objeto ascendió a una altura de 75 pies antes de desaparecer por completo. La extraña parálisis que aquejaba al humano, a los perros y el ganado dejó de surtir efecto y Dawson se alejó corriendo del prado hasta la casa de su amiga Linda Kolbie, quien pensó que Dawson se había topado con una serpiente venenosa en el campo. Jadeante, con los ojos desorbitados, Dawson logró decir “nave espacial” antes de ser llevado a la sala de urgencias.

Los médicos administraron tratamiento para su histeria y confirmaron que Dawson había sufrido un shock tremendo y que no había consumido alcohol ni drogas. Todos los vecinos coincidieron en que Dawson era un hombre trabajador y respetado en su comunidad, y a quien no se le conocía como embaucador a pesar de la mala fama que caracterizaba a su profesión.

El investigador Jerome Clark, quien analizó el caso en su momento, dijo que mientras que era absurdo pensar que Jimmy Hoffa se encontaba preso a bordo de un platillo volador, la declaración de Dawson era fidedigna. “Si alguien me preguntase algún día”, escribió Clark, “sobre lo que verdaderamente pienso sobre los OVNI, contestaría que creo que alguien se está burlando de nosotros en algún lado”.

Pero, ¿quien era, entonces, el que gritaba desde el interior del platívolo presenciado por Dawson?

Cuanto los monstruos gritan

La pugna entre los buscadores de monstruos y los investigadores del fenómeno ovni está concentrada en la exclusión mutua. Los ufólogos no quieren saber de los monstruos que en numerosas ocasiones se manifiestan en relación con los ovnis y los criptozoólogos intentan depurar su campo para hacerlo agradable ante los ojos de la ciencia oficial, la deidad de nuestra época, así que nada de platillos volantes…

Por mucho que esta exclusión mutua sea de agrado a los integrantes de ambos partidos, los casos en que se han visto enormes seres peludos del género conocido mundialmente como “yeti” o “pie grande” en relación con luces misteriosas siguen produciéndose en todas partes del mundo.

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En 1993, según informaciones aparecidas en el boletín WBS Alien Report Vol.2 #5, Nick M., vecino de la población de Atascadero, California (EUA) estaba viendo televisión de noche cuando pudo ver un destello de luz a través de la ventana. Levantándose para investigar el hecho, Nick pudo ver una luz roja en la arboleda. Al abrir la puerta de su casa, descubrió que se trataba de un OVNI aterrizado. El objeto abrió lo que parecía ser una compuerta y dos seres peludos de tipo “” salieron del interior para tomar muestras del suelo. Después de algún tiempo, los seres volvieron a internarse en el objeto, que salió disparado hacia el cielo, despareciéndose por completo. Nick afirma haber ido a la zona del aterrizaje pero no encontró huellas de ninguna clase. Algunos años antes, según el cuaderno Mufon Journal #264, una mujer en Tillamook, Oregon (EUA) fue testigo de lo que su nieta describió como “un trompo de juguete suspendido justo sobre la tierra”. Creyendo que eran imaginaciones infantiles, la mujer se asomó a ver, quedando sorprendida al ver que el objeto en cuestión tenia entre veinte y treinta pies de diámetro y luces amarillentas que resplandecian en ambos extremos. A través de lo que parecía ser una claraboya, pudo divisar un enorme ser peludo tipo “” que parecía estar sentado, ya que sólo resultaban visibles su pecho y enormes hombros. El objeto no se elevó ni salió disparado, como sucede en la mayoría de estos casos, sino que sencillamente desapareció en un abrir y cerrar de ojos.

Los seres peludos no siempre guardan silencio, como veremos a continuación.

Linda Williford se había mudado al condado de Snohomish en las cordilleras el estado de Washington en 1976, cuando los avistamientos de OVNIS y “Bigfoot” aparecían con frecuencia en los diarios locales. Manteniendo un escepticismo natural hacia ambos temas, no sería sino hasta el 9 de agosto de 1978 que Williford tendría su propio encuentro con lo desconocido. Esa mañana, los animales de su pequeño rancho armaron una cacofonía de graznidos, mugidos y ladridos sin razón aparente, hasta que fue posible escuchar un grito clasificado como “sobrecogedor” proviniendo desde el noreste. La señora Williford encendió su magnetofón y logró grabar la serie de gritos que emanaba desde el bosque; posteriormente, su marido escucharía la grabación y ambos coincidirían en que jamás habían escuchado nada parecido. Los alaridos se producirían de noche y con frecuencia por varios meses, haciendo que el perro guardián de los Williford rompiese su pesada cadena y regresara a refugiarse dentro de la casa. El 19 de octubre de 1978, los gritos pudieron escucharse justo afuera de la casa, pero cuando el señor Williford salió a investigar con su linterna de pilas, no pudo ver nada. “Cuando mi marido apuntaba el haz de luz en la dirección de los gritos,” escribe Linda, “los alaridos cesaban. Una vez que apagaba la luz, el griterío comenzaba de nuevo pero a cierta distancia. Parecía ser que mientras más se alejaba el gritón, mayor fuerza y fiereza cobraban sus gritos. Hemos pasado noches en que los gritos comenzaban a las 6:00 p.m. y seguían la noche entera”.

A cinco millas de distancia de la familia Williford, otra mujer-Linda Sevey-informó al investigador Peter Gutilla que en agosto del ’78 había presenciado “una gran bola de color amarillo anaranjado en el cielo, y la luna llena estaba visible justo a su lado”. El objeto luego despediría luces más pequeñas que revolotearon a su alrededor antes de perderse entre las arboledas distantes. Semanas después, la familia Sevey escuchó gritos agudos de tal intensidad que podían escucharse por encima del volumen del televisor y el sistema estéreofónico de su casa. Al día siguiente, los Sevey descubrirían que la alambrada de su propiedad había sido arrancada de cuajo con los postes doblados en dirección hacia el pastizal. Posteriormente se descubrirían huellas extrañas y proseguirían los avistamientos ovni.

Pocos meses antes del comienzo de la gran oleada ovni de 1973, los granjeros en la ribera oriental del Rio Ohio en el estado de Kentucky se quejaron a las autoridades no sólo de la luces en el cielo, sino también de un ser “que da bramidos como los del elefante e infunde de miedo a los perros de caza”. Otros se quejarían de seres raros que emitían sonidos como los de un cerdo gigante.

Algunos autores que, como Gutilla, han estudiado concretamente este aspecto del , no han podido explicar la relación entre ambos fenómenos. Si el fenómeno ovni es netamente físico, o en el argot estadounidense “de pernos y tuercas”, podría decirse que los ovninautas de una civilización sumamente adelantada se valen de seres inferiores para realizar cierto tipo de misiones que resultarían tediosas o peligrosas – algo muy parecido al uso que hacemos de perros amaestrados para buscar fugitivos, ir de caza o rescatar víctimas de algún desplome o terremoto. Si por el contrario, se tratan de seres parafísicos, tal vez estarían relacionados con actos de realizados en distintos lugares, posiblemente por chamanes nativoamericanos. Entre las tribus del oeste de Norte América, existe la creencia de que los seres peludos son los custodios de los cementerios sagrados de las distintas tribus, y que sus alaridos sirven para espantar a aquellos que osen profanar tales lugares.

En el ámbito de lo paranormal

Las extrañas vocalizaciones que acompañan a estos fenomenos no se limitan a los ovnis ni a las de criaturas extrañas. Dentro del contexto netamente paranormal de las marianas se han producido vocalizaciones sonoras que no serían de esperar en un fenomeno tan aparentemente placentero y ensalzador como el de las múltiples manifestaciones de la Virgen. Pero algo raro sucedió en el estado de Nueva Jersey en la década de los ’90 que debe tenerse en cuenta.

En marzo de 1989, la población de Montclair en el norte del estado de Nueva Jersey se convertiría en el inverosímil escenario de las vivencias religiosas de Joseph Jacobson, un obrero que afirmaba mantener contacto regular con la Santísima Virgen el primer domingo de cada mes a las 21:28 horas por espacio de 10 a 15 minutos. La aparición, una mujer joven y sonriente que se identificaba como María, le pidió que le construyera una pequeña capilla en el patio de su casa, cosa que atrajo la atención de los vecinos primero y luego a centenares de curiosos que se enteraron del fenomeno que se desarrollaba en aquél lugar. Pronto comenzaron los milagros, como los rosarios bendecidos por la Virgen y el florecimiento de los rosales en el patio de la casa en pleno invierno. La diócesis católica de la ciudad de Trenton alegadamente tomó cartas en el asunto, nombrando un director espiritual que se encargó de la custodia de los mensajes que la imagen le impartía a Jacobson.

El paso de los años no disminuyó para nada el fervor de los creyentes en las apariciones de Montclair, y el 4 de octubre de 1992, la estación KTNH del estado de Connecticut envió a la reportera Belamy North y un camarógrafo a entrevistar al vidente y documentar los supuestos milagros. Escéptica como corresponde a los miembros de su profesión, North esperaba encontrar algún fraude o sencillamente la malinterpretación de fenómenos normales, deformados por el prisma del fervor religioso, pero cual sería su sorpresa al constatar-con sus propios ojos y con la lente de la cámara- que el cielo nocturno se abría para dejar caer un haz de luz perfecto, rodeado de lucecillas parpadeantes, mientras que los devotos elevaban sus plegarias. Más perturbador aún fue el hecho de que la cámara pudo constatar que uno de los rosales se inclinaba, como si fuese por su propia voluntad, para ofrecer una rosa al vidente Jacobson.

“Pero lo más extraño,” comentó North al investigador Nelson Pacheco en su libro Unmasking the Enemy, “era que en medio de todo este fervor religioso en el que supuestamente podía verse la Virgen, podían escucharse unos gritos. Eran gritos como los de alguien que está siendo torturado. Como un grito que se escucharía en una película de horror”.

Era imposible precisar el origen de los gritos, porque parecían provenir desde lejos. Mientras que los devotos oraban y profesaban ver la figura divina, estos gritos aterradores desgarraban el aire. Se dijo que eran los gritos de una persona que había sufrido un traumatismo nervioso o un ataque de epilepsia, pero los presentes, que afirmaron haber escuchado el mismo grito que la reportera, opinaron que se trataba “del demonio, tratando de interrumpir la paz y tranquilidad del momento”.

La reportera North no menciona si los alaridos fueron capturados por la banda sonora de su rodaje, pero la presencia de un elemento claramente discordante debe tomarse en cuenta en un estudio de este tipo.

“¡Dios mío, Ayúdame!”

Durante los últimos días del mes de noviembre de 2003 el invierno ya se hacía sentir en todas partes de los Estados Unidos y la población de Morehead, estado de Kentucky, no era excepción. Sin embargo, algo raro habría sucedido la noche del 21 del mes que puede clasificarse de espeluznante.

Un informe anónimo remitido al National UFO Reporting Center con sede en Seattle rezaba así: “La brigada de rescate de los condados de Morehead y Rowan recibieron una llamada del departamento de policía de Morehead acerca de una voz de mujer que pedía ayuda a gritos, haciéndolo tres veces. Dos testigos afirman haber visto una luz brillante en el cielo por espacio de un minuto antes de que la brigada de rescate se personara en el lugar de los hechos. Se le solicitó al departamento de bomberos hacer una búsqueda utilizando una cámara de imágenes térmicas, aunque dicha búsqueda fue infructuosa. Los testigos son vecinos de Morehead. A menos que se confirme el informe de una persona desaparecida, no se continuará la búsqueda”.

En eso quedaron las cosas hasta que el investigador Donnie Blessing de la MUFON tuvo la oportunidad de hablar con una tal “Sra. Huff” el 3 de diciembre del año en curso. La mujer le dijo al investigador que su marido había formado parte de la brigada de rescate que había respondido al incidente de los gritos en el camino rural conocido como Adams Lane. Una persona había irrumpido en la estación de bomberos, según le había contado su marido, diciendo que una mujer y su niño habían estado caminando en la cuesta de una colina y que “una nave espacial” había bajado para llevarse al menor, haciendo que la mujer gritara “¡Ayúdame, Dios mío, Ayúdame!”

Blessing no daba crédito a sus oídos y le preguntó a la mujer que si sería posible hablar con el marido, cosa que logró hacer al día siguiente. El “Sr. Huff”, seudónimo asignado por Blessing al bombero, relató lo mismo que la había dicho su mujer. El bombero amplió detalles, comentando que otro miembro de la brigada de rescate había sido abordado por un hombre mientras que se encontraban en las cercanías del cuartel de la policía estatal de Kentucky. El extraño decía haberlo visto todo: “había una mujer en un campo y que luego había bajado un OVNI para secuestrarla”.

Más extraño aún resultaba el incidente que había tomado lugar dos días antes, cuando la brigada de rescate había recibido otra llamada telefónica, esta vez de unos vecinos que avisaban haber visto “un niño de dos años de edad caminando a lo largo de la carretera 60 en pañales”. El vecino había visto al pequeño, que parecía inmune al frío imperante, y había dado parte a las autoridades enseguida. Las pesquisas posteriores jamás dieron con ningún niño perdido y jamás se recibieron llamadas posteriores sobre la presencia del diminuto vagabundo. Este detalle guarda un parecido muy curioso con un caso ocurrido en Hartford City, Indiana (EUA) el 24 de ocutbre de 1973, cuando la policía local recibió docenas de llamadas referentes a avistamientos ovni y el alguacil Edward Townsend y sus oficiales salieron en busca de “niños que caminaban a lo largo de la cuneta disfrazados de hombres del espacio”.

Otro investigador del fenómeno OVNI, Kenny Young de la Mid-State Research Associates con sede en Ohio (EUA), logró comunicarse con un profesor universitario de ascendencia inglesa que vivía en Adams Lane y que había sido contactado por agentes del orden público sobre los gritos que se escucharon en esa zona rural.

El profesor anónimo declaró que se encontraba en casa cuando se escucharon los alaridos. “Sí, estaba en casa cuando se oyeron los gritos. Se escucharon unos gritos francamente espeluznantes pero nadie pudo averiguar nada más al respecto.”

Curiosamente, el profesor había tenido una experiencia OVNI entre las 21:00 y 22:00 horas en la región, mientras que conducía en la compañía de sus dos hijos de 15 y 18 años de edad respectivamente. Los tres hombres se percataron de un objeto aéreo extraño que se cernía sobre un campo abierto; la configuración del aparato era ovalada y de color blanco, moviéndose “como lo haría un colibrí”. Después de tres o cuatro minutos de observación inicial, el objeto comenzó a desplazarse rápidamente de un lado del firmamento otro. El profesor y sus hijos estacionaron el coche y se bajaron para determinar que el objeto no era un avión ni tampoco un helicóptero, y transcurridos algunos minutos, los testigos reingresaron a su vehículo después de que el objeto les infundiera cierto recelo. “Yo diría que era una sensación de recelo más que de temor”, explicó el catedrático. “No sabía qué era lo que estábamos viendo y me preocupaba pensar que aquello nos hubiera detectado”.

Después de regresar a su casa, los testigos siguieron viendo el extraño objeto desde la ventana de una habitación en la segunda planta. El extraño objeto comenzaba descender, mudando sus colores de blanco a anaranjado, y asentándose en un campo.

Se produjo un cambio de color adicional, esta vez de anaranjado a rojo. Al suceder esto, los animales de las casas y granjas vecinas enloquecieron, ladrando como locos y tratando de romper sus cadenas. El objeto saldría disparado para perderse en la noche.

Fue justo entonces que los hijos del profesor salieron de la casa y escucharon los gritos provenientes del campo en dónde el extraño objeto parecía haber tomado tierra. “Se trataba de una voz femenina”, explicó el profesor a Kenny Young. “Mis hijos se metieron en el coche y llamaron a la policía, dando parte sobre los hechos”.

En menos de media hora una veintena de policías se habían aparecido en la casa de instructor universitario para comenzar su propia búsqueda. A pesar de sus titubeos iniciales, el profesor informó a los policías sobre el , sorprendido al descubrir que no se burlaban de él. Según las declaraciones del profesor a Young, uno de los policías llegó a admitir haber visto un ovni también, aunque no supo precisar si se refería al mismo objeto.

Conclusión

El caso de los extraños gritos que desgarraron la oscuridad invernal del estado de Kentucky permanece abierto. El investigador Young ha descubierto inconsistencias en el testimonio de la mujer del bombero y la versión vertida por el mismo bombero. Nos preguntamos si el próximo paso a seguir consistirá en revisar detalladamente las partes policiales en cuanto a denuncias de personas desaparecidas–madre e hijo, en este caso. Los aspectos claramente espeluznantes de este caso hacen que nuestra imaginación funcione a toda velocidad, sugiriendo hipótesis imposibles de respaldar con hechos. ¿Sería la madre una abducida que se dirigía a un lugar desierto–al estilo de Expedientes X — para entregar a su hijo híbrido a fuerzas no humanas? ¿Gritaría acaso al salir de algún estado de sugestión hipnótica y darse cuenta de lo que acababa de hacer? ¿Qué fue de ella? Y más inquietante aún: ¿Quién era el niño en pañales que caminaba tan ufano por la cuneta, inmune al frío? Las crónicas de abducciones de los años ’90 nos dicen que los alienígenas “Grises” son supuestamente capaces de proyectar imágenes pantalla que los disfrazan ante los ojos de los seres humanos. ¿Sería en efecto uno de los Grises proyectando una inocente imagen infantil en las mentes de los testigos? La incógnita sigue sin respuesta.