¿Encierran las cifras un sentido oculto?. “¡Seguro que sí!”, exclamarán algunos lectores, señalando tal vez a un interesante ejemplo: los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. “Nada más enterarme de la noticia -dice una numeróloga- me fije en la fecha 11-9-2001”.

Por Francisco Rodríguez / RI

Cabe destacar que el 11 se considera un “número maestro” en numerología. De ahí que algunos de sus partidarios elaborasen una lista de diversos aspectos relacionados con aquellos ataques que apuntan a dicho “número maestro”. He aquí varios ejemplos de sus conclusiones:

– La tragedia ocurrió el día 11 del mes 9:
1 + 1 + 9=11
– El 11 de septiembre fue el día 254 del año:
2+5+4=11
– El avión que impactó contra la torre norteamericana era el vuelo 11
– En aquel vuelo había 92 personas a bordo:
9+2=11
– El avión que impacto contra la torre Sur llevaba 65 pasajeros:
6+5=11
– El perfil de las torres gemelas evocaba el Nº 11
– La expresión inglesa New York City consta de 11 letras

La numerología, práctica que concede un significado especial a las cifras, así como a sus combinaciones y sumas, goza de amplia difusión en todo el mundo. ¿A qué obedece su atractivo?. Según algunas fuentes, la descodificación de las letras del alfabeto que componen los nombres, -una característica popular de la numerología- “ofrece información exacta sobre la , el carácter, los defectos y virtudes”. Estas mismas fuentes añaden que el estudio de la “fecha de nacimiento revela la trayectoria de nuestra vida, con sus alegrías y sinsabores”.

¿Son ciertas estas afirmaciones, o plantea peligros ocultos el estudio metafísico de los números?

La fascinación por los números

Imaginémonos un mundo sin números. No habría dinero, y el comercio se limitaría al trueque directo. ¿Y qué sucedería con los deportes?. No sólo seríamos incapaces de llevar la cuenta de las puntas, sino que ni siquiera podríamos establecer cuántos jugadores debe de haber en cada equipo.

Pero además de ser prácticos, los números poseen un aura de misterio en virtud de su carácter abstracto, el cual nos impide percibirlos por la vista, el tacto o algún otro sentido. A modo de ilustración, las manzanas se caracterizan por su color textura, tamaño, forma, aroma y sabor, lo que nos permite diferenciarlas de los limones, las pelotas u otros objetos Pero no ocurre igual con los números. Así, entre una docena de artículos y otra tal vez no haya nada más en común que el hecho de contener doce unidades. De modo que comprender el significado de las cifras, por ejemplo, la diferencia entre 11 y 12, implica captar una idea muy abstracta, y es ahí donde entra en juego la mística de los números.

De Pitágoras a la pseudociencia

En las culturas antiguas era común atribuir un sentido especial a las cifras. Según Pitágoras, filósofo y matemático griego del siglo VI A.C., todo se reducía a patrones numéricos. Tanto él como sus seguidores creían que el denota orden y proporción. ¿No era posible, entonces que las relaciones matemáticas constituyeron un elemento esencial de todo lo material?.

Desde los tiempos de Pitágoras, se ha recurrido a los números para predecir el futuro, interpretar los sueños y auxiliar a la memoria.

Hallamos adeptos a tales métodos en la cultura griega, islámica y cristiana. En el judaísmo, los cabalistas utilizaban un sistema numerológico denominado geometría, en el que atribuían un valor numérico a cada una de las veintidós letras de su alfabeto y decían que por este medio encontraban mensajes ocultos en las escrituras Hebreas.

La numerología moderna es parecida. El especialista suele tomar como punto de partida el nombre y la fecha de nacimiento de una persona. Tras asignar el valor numérico correspondiente a cada letra del nombre, suma las cifras, junto con las del día y mes de nacimiento, para establecer los números clave del individuo.

Luego les atribuye un sentido especial y de este modo realiza lo que considera una descripción completa, que incluye detalles como su personalidad, deseos inconscientes y el destino que le espera.

El atractivo de esta técnica tal vez resida en la aparente exactitud de su análisis. “Muchas personas han llegado a creer en la numerología al ver lo bien que encajan los números con aquellos a quienes se aplican”, dice Edward Alberston en su libro “Prophecy for the Millions”. Pero también se lo ha tildado de pseudociencia. ¿Por qué? ¿Habrá motivos para poner en duda sus afirmaciones?

¿Encierra la mensajes ocultos?

En su libro “El Código Secreto de la Biblia”, el periodista Michael Drasnin afirma que, con la ayuda del análisis informático, descubrió mensajes secretos en las escrituras Hebreas. Por ejemplo, dice que el “código” reveló las palabras “asesino que asesinará” junto con el nombre del primer ministro israelí Yitzhak Rabin, y que lo descubrió un año antes del magnicidio.

Como cabía esperar, El Código Secreto de la Biblia generó bastante polémica. Dave Thomas, matemático y físico, demostró que el análisis informático de cualquier texto dado produce aparentes mensajes crípticos. Al aplicar dicho sistema al propio texto de Drosnin, Thomas obtuvo las palabras “código”, “tonto” y “fraude”. “los mensajes ocultos pueden encontrarse en todas las obras -indica Thomas-, con tal de que uno esté dispuesto a dedicar tiempo y esfuerzo a examinar el inmenso campo de las probabilidades.

Dado que una computadora posee la capacidad de realizar un sinfín de cálculos, es probable que encuentre alguna combinación de letras que pudiera considerarse una especie de . Pero es tan solo una coincidencia, y no prueba en modo alguno que la Biblia contenga mensajes ocultos.

Los números simbólicos de la Biblia

En la Biblia se emplean ciertos números con sentido simbólico, pero solo dentro del contexto de los pasajes donde aparecen. Así, el 4 denota totalidad o universalidad, como en las expresiones “las cuatro extremidades de la tierra” y “las cuatro vientos de los cielos” (Isaias 11:12 Daniel 8:8). A veces, el 6 representa la imperfección por ejemplo, el libro del , o Revelación, asigna a la organización política terrestre de Satanás un “número de hombre”: 666 (revelación 13:18). En este caso, el 6 aparece en los tres órdenes: unidades, decenas y centenas), lo que subraya la imperfección de esa organización bestial. Y cuando el 7 se usa figurativamente, alude a la plenitud (Levítico 4:6, Hebreos, 9:24-26). El significado de estos y otros números simbólicos utilizados en las escrituras proviene del contexto profético en el que se mencionan.

Aunque la Biblia concede cierta importancia a algunas cifras, no nos invita a relacionar las letras de determinadas palabras con números para tratar de descubrir verdades místicas.

¿Debemos guiarnos por los números?

¿Resiste la numerología el examen de la ciencia y la razón? ¿Revelan las cifras nuestro destino? ¿Debe planearse el futuro sobre la base de conclusiones y predicciones numerológicas?.

Un obstáculo que no logran vencer los numerólogos es la existencia de distintos calendarios en diversas culturas. Por ejemplo: ¿qué sucede si alguien vive en una región donde se usa un calendario diferente como el chino?. Tomemos como muestra la fecha indicada: 11 de septiembre de 2001. El calendario chino corresponde al día 24 del mes séptimo del año 18 del ciclo 78; en el Juliano, al 29 de agosto de 2001; en el musulmán, al 22 de yumada segundo de 1422, y en el hebreo, al 23 de Elul de 5761. ¿Cómo va a tener importancia numérica una fecha que adopta formas tan diferentes?. Otro factor a considerar es que cada idioma suele escribir los nombres de una manera particular. Así, el valor numerólogico de las letras del nombre inglés John es 2, mientras que el de su correspondencia en español, Juan es 1.

Una cosa es admitir que muchos aspectos del cosmos se explican con fórmulas matemáticas, verificables y demostrables, y otra muy distinta afirmar que se predestina el nombre de cada persona para hacerlo coincidir con la fecha de nacimiento y ligarlo a ciertos números con el fin de determinar su destino.

La conclusión es evidente: creer que las interpretaciones numerológicas son exactas cuando en realidad se basan en factores tan variables como el calendario y el idioma, es llevar la credibilidad a los límites de lo absurdo.

El tiempo y el suceso imprevisto

Hay quienes se interesan en la numerología porque desean que su vida sea predecible. Sin embargo, la Biblia deja claro que el hombre no puede prever los detalles de su futuro. Dice que “los veloces no tienen la carrera, ni los poderosos la batalla, ni tienen los sabios tampoco el alimento, ni tienen los entendidos tampoco las riquezas ni aún los que tienen conocimiento tienen el favor: porque el tiempo y el suceso imprevisto les acaecen a todas” (Eclesiastés 9:11). En efecto, muchos sucesos ocurren inesperadamente. Tales casualidades frustran cualquier intento de pronosticar lo que ocurrirá valiéndose de la fecha de nacimiento o de los valores numéricos de un nombre.

Veamos otro ejemplo; en una exhortación a la generosidad, la Biblia dice: “Envía tu pan sobre la superficie de las aguas, pues con el transcurso de muchos días lo hallarás otra vez. “Da una porción a siete, o aún a ocho, pues no sabes que calamidad ocurrirá en la tierra”. (Eclesiastés 11:42). Salvo contadas excepciones, no tenemos conocimiento previo de las calamidades; de hecho, no podemos tenerlo. De ahí que el profesor Underwood Dudley, especialista en matemáticas, afirma que los numerológos “no dan suficiente importancia al azar, y lo cierto es que se producen de forma casual acontecimientos sorprendentes”.

Pero ¿no aciertan los numerológos a veces en sus predicciones? ¿A qué obedece este hecho?. En algunos casos tal vez sea por pura coincidencia, y en otros, porque se emplea un lenguaje ambiguo aplicable a varios sucesos. Con todo, conviene plantearse una posibilidad más peligrosa.

¿Un arte adivinatorio?

Aunque la Biblia no menciona el termino numerología, refiere lo que hizo Hamá (Amán), el amalequita cuando conspiró para exterminar a los judíos de Persia del siglo V A.C.: “Se echaron suertes en presencia de Amán para fijar el día y el mes en que convenía llevar a cabo su plan, y salió el día trece del mes doce, o sea el mes de Adar” (Ester 3:7).

En la antigüedad echar suertes era un modo legítimo de zanjar disputas (Proverbios 18:18). El método de echar suertes consistía en poner objetos pequeños como guijarros o, trocitos de madera en los pliegues de la ropa o en un recipiente, agitarlos y sacar uno para saber quien era elegido. Pero Hamá utilizó este método para la , práctica que la Biblia condena.

La numerología carece de base científica, no resiste el examen a la luz de la razón. De modo que no puede considerarse un medio provechoso para orientar nuestra vida o planificar nuestro futuro.

¿Son fiables los horóscopos?

“A veces es usted sociable, y a veces reservado. No considera prudente revelar a los desconocidos demasiados detalles sobre su persona. Es de espíritu independiente, de modo que no acepta crédulamente lo que dicen, sino que exige pruebas. Le gusta que la vida sea variada, y le incómoda verse coartado por las reglas. Posee un gran potencial que no ha aprovechado a plenitud, y tiende a ser muy crítico con su actuación, y su capacidad.

¿Se ve usted descrito en este cuadro?. Si es así, tal vez esté dando a estas frases más importancia de la que merecen. A fin de cuentas coinciden con la mayoría de la gente. Por ello muchos tienden a aceptar las declaraciones que les parecen exactas y a pasar por alto lo que no son. Según el libro Why Do Buses Come in Threes?, The Hidden Mathematics of Everyday life (¿Por qué los autobuses vienen de tres en tres?: las matemáticas ocultas de la vida cotidiana). “Los investigadores han descubierto que si se eliminan del horóscopo los signos astrológicos, el lector no es capaz de identificar que párrafo corresponde a su propio signo; en común si aparecen indicados, creerá que la información correspondiente al suyo es la más exacta”.