Han generado distorsiones en las señales de GPS y en las comunicaciones de radio europeas y estadounidenses.

Sputnik MundoEl Sol

El viento solar causado por la serie de fulguraciones que han tenido lugar en los últimos días ha alcanzado el , ‘incinerando’ su . Los habitantes cercanos a los polos pudieron observar los efectos de este impacto espacial en forma de auroras la noche del 9 al 10 de septiembre.

Según el Senmes (Servicio Nacional español de Meteorología Espacial) estas tormentas han mantenido en alerta a los servicios de meteorología espacial de todo el mundo, aunque de momento no han producido problemas graves, al menos, a primera vista.

Se trata de millones de toneladas de material solar que viajan a cientos de kilómetros por segundo en un potente flujo atómico procedente de la zona coronaria de nuestro astro rey.

La primera eyección de masa coronal, de magnitud M, tuvo lugar el 4 de septiembre. Le siguió una serie de otras erupciones, incluyendo una llamarada de extrema intensidad X9,3 el día 6 de septiembre, la más intensa de los 10 últimos años.

Desde ese día, el ha continuado lanzando fulguraciones emitiendo una gran cantidad de luz generando problemas en las emisiones de radio y provocando diversas distorsiones en las señales de GPS en la zona europea y norteamericana.

Pese a que después de la tormenta solar todo parecía tranquilo, el domingo 10 de septiembre a las 15:35 hora GMT, se observó una última erupción del sol casi como la del día 6.

Además de bellos fenómenos atmosféricos, este impacto podría tener repercusiones menos agradables, como irregularidades en el voltaje de los sistemas eléctricos, una radionavegación satelital defectuosa, así como el quiebre temporal de los sistemas de telecomunicaciones.

Más que eso, los sistemas de navegación biológicas de algunos organismos que se guían por campo magnético terrestre podrían llevar a sus portadores en direcciones erróneas, poniendo sus vidas en peligro. En 2016, un total de 29 cachalotes fallecieron varados en diversas playas del mar del Norte. Sus necropsias mostraron que no padecían ninguna enfermedad por lo que algunos investigadores sugirieron que la excesiva actividad solar podría la causa de esta catástrofe.