El llamado Valle de Azapa se encuentra a escasos kilómetros de la Región de Arica y además de sus conocidas producciones agrícolas también es conocido por sus abundantes restos arqueológicos.

En este valle son conocidos los impresionantes que se ubican en cerros áridos y son de alto contenido arqueológico.

Hace ya bastantes años los geoglifos fueron estudiados por un destacado equipo de antropólogos y arqueólogos de la Universidad de Tarapacá, que encabezó el académico Luis Briones Morales.

Los especialistas ariqueños, que se encargaron también de su restauración, después de largas investigaciones realizadas en los valles, Cordillera de la Costa y quebradas nortinas, llegaron a determinar que se trataba de restos arqueológicos que se manifiestaban en forma de pintura en las laderas de los cerros.

Alcanzan grandes dimensiones, en algunos casos sobre los 120 metros de largo, cubriendo cada Geoglifo superficies superiores a los dos mil metros cuadrados.

Luis Briones, al referirse a su construcción, expresaba: “Se puede decir que fueron construidos aprovechando las características que ofrece el desierto, sobre cerros de superficies parejas y de tonalidades generalmente claras. Se aprovechó el material rocoso, en su mayoría lava volcánica y cascajos de roca eruptiva que afloran en las laderas de los cerros y pampas. Las características de los materiales determinaron una técnica de confección muy generalizada conocida como “adición” o “mosaico” que consiste en la acumulación de de tonos oscuros, que contrastan con los fondos claros de los cerros.

Los geoglifos se encuentran fundamentalmente en el valle de Lluta, Azapa, quebradas de Chiza y Tiliviche, donde fue encontrada una técnica de construcción, conocida como de “raspaje” que aprovecha las características morfológicas, geológicas y alteraciones de las superficies (oxidación) de los cerros del desierto.

Ejemplos claros se encuentran en los cerros Pintados, cerro Unitas y en la ex Oficina Salitrera Aura. Los investigadores ariqueños también encontraron geoglifos con técnica mixta.

La gama de diseños es variada, representan animales domésticos y silvestres, insectos, pájaros, etc.; la figura humana, se mantiene en un plano secundario, por lo menos estadísticamente. En general existe una tendencia a grabar figuras humanas más comprometidas con lo religioso y lo social.

Figuras chamánicas

En el sitio de Ofragía en el valle de Codpa, en Ariquilda en la quebrada de Aroma, en Tamentica en la quebrada de Huatacondo, y otros mas, aparecen personajes con atuendos cefálicos y con báculos manifestando un grado de poder  o de jerarquía social dentro de la comunidad a la que pertenecieron, o bien personajes de cierto linaje e importancia como sacerdotes o administradores.

También aparece la figura antropomorfa en  otras funciones o actividades tal  como lo vemos en mas de una ocasión, en relatos de luchas entre grupos étnicos diferentes  como es el caso de los grabados en el sitio de Chamarcusiña muy cerca del Paradero camino al Santuario Las Peñas en el Valle de Azapa; o nuevamente en Ofragía con una escena dramática de un enfrentamiento masivo; también representaciones de confrontaciones individuales posiblemente de fuerte carácter simbólico como son los arqueros grabados en el sitio de Huancarane en Camarones, en Tarapacá 47, contiguo al pueblo actual de Tarapacá y en Tamentica, mas al sur.

Al conocer sus extraordinarias dimensiones, salta inmediatamente una pregunta: ¿Quiénes los construyeron? Una respuesta la trata de entregar el especialista Briones Morales: “Quisiera explicar esta pregunta con claridad, pero aún es motivo de intensas investigaciones. Pero pese a ello, agrega, se puede afirmar que fueron construidos por verdaderos artistas. Se supone que fue un trabajo colectivo de toda una comunidad, con la dirección de un maestro que se encargaba de trazar los esquemas, calcular las proporciones y simbolizar el significado de cada una de las figuras y del conjunto en general. Por el momento creemos que es conveniente ubicarlos cronológicamente entre los mil y los mil cuatrocientos años después de Cristo, dentro del período arqueológico llamado “Gentilar”.

El no tenía una intención decorativa, sino que un sentido simbólico y práctico. Por ejemplo, los geoglifos eran muchas veces mecanismos para marcarle el camino a las caravanas que circulaban por esas zonas.

Fuentes

  • Diario El Mercurio. 26-03-2000
  • Diario La Tercera. 29-04-1984
  • Luis Briones Morales. Arte Rupestre Tarapaqueño. Museo Arqueológico San Miguel de Azapa. 31-03-2003