transpersonalPor Victor José F. Rodrígues / Biosofia, 8

La Psicología como rama científica del saber nació “oficialmente” a finales del siglo pasado. En ese tiempo, la lucha de muchos de entre los primeros psicólogos para dotar  a la nueva disciplina con un estatuto de Ciencia los llevó a procurar “asemejarla“ en los métodos y en la manera de pensar en la realidad, a las ciencias naturales entonces predominantes como modelo a seguir. Dentro de estas destacaban la Física y la Química con todos sus criterios positivistas.

El hombre pasó a ser visto, por los psicólogos, sobre todo como un organismo biológico que utilizaba su inteligencia para adaptarse a un constituido por las sociedades humanas. La historia individual de cada uno de nosotros pasó a ser vista como una historia de nuestra evolución y lucha individual al ajustarnos a la familia, a la escuela o, en general, al medio donde crecemos, desarrollamos nuestra vida afectiva, intelectual y física.

Nacieron, en este contexto, algunas líneas principales de estudio y de trabajo práctico con el ser humano que aún hoy pueden ser reconocidas: (1) el Psicoanálisis, con la valoración concedida a los mecanismos inconscientes de la vida afectiva precoz como fuente explicativa de la problemática psicológica de los seres humanos; (2) la psicología del Comportamiento, con el énfasis puesto sobre el estudio del comportamiento humano en sí mismo y el modo como este es condicionado por acontecimientos ambientales que lo anteceden o que lo condicionan al presentarse como sus consecuencias; (3) la psicología Cognitiva, con el valor que da al papel de los procesos del cognitivos (vulgarmente designados de modo menos exacto, como procesos mentales) y la influencia de estos en la vida emocional y el comportamiento humanos.

Se desarrollaron numerosos estudios y enfoques sin que, sin embargo, llegaran a destacarse como líneas de fuerza verdaderamente diferentes de las tres anteriormente referidas. Mientras, a inicios de los años 60, algunos teóricos de renombre, con nombres de especial relieve como Carl Rogers, Maslow, Assagioli, Aldous Huxley, Kurt Goldstein y muchos otros, consideraron que la Psicología iba a devaluar al ser humano en sus posibilidades y a estudiarlo de un modo excesivamente analítico sin valorar debidamente áreas que, aunque difíciles de estudiar científicamente, tenían una importancia crucial para la consideración de los seres humanos. Nació así el Movimiento Humanista en la Psicología enfatizando el potencial humano, la autenticidad, la libertad humana, la importancia de la consciencia existencial, de la autorrealización, de la creatividad, de la auto-trascendencia. El Movimiento Humanista vino a ser designado, por sus mentores, como la “4ª Fuerza” en la Psicología.

Con el enfoque humanista de la Psicología se había creado el contexto en que, pocos años después, aún en la década de los sesenta, nació la Psicología Transpersonal. Esta puede ser considerada, en cierto modo, como una consecuencia lógica y natural del Movimiento Humanista pues sus fundadores fueron, en buena medida, los mismos. Estos verificaron que determinadas experiencias humanas parecían estar claramente fuera de las consideraciones y de las posibilidades explicativas de los modelos aún vigentes – hasta incluso del modelo humanista. Esas experiencias fueron designadas por Abraham Maslow como “Experiencias cumbre” pues se referían a momentos de realización humana extremadamente intensos ya se tratase de consciencia mística dilatada (las llamadas vivencias de “Consciencia Cósmica”), de creatividad artística, de éxtasis, de percepción excepcionalmente clara, de amor, , trascendencia de los estados normales de consciencia y de auto y hetero percepción… Experiencias que, lejos de parecer momentos de delirio o ilusión, tendían a coincidir con un bienestar excepcional y con un refuerzo de la salud mental para muchos de los que pasaban por ellas. Se comprobó, por otro lado, que algunas tradiciones filosóficas y religiosas de Oriente y de Occidente, incluyendo lo que Aldous Huxley designó como “Filosofía Perenne” (ligadas al , o al Hinduismo, o al , a la tradición de la judaica o a la tradición Mística y Alquímica de Occidente, por ejemplo) proporcionaban descripciones psicológicas del ser humano que merecían respeto y consideración. Eran particularmente compatibles con una visión del hombre como siendo capaz de, para además de luchar por su supervivencia biológica adaptándose al medio y viviendo bajo condiciones socioculturales y fisiológicas supuestamente infranqueables, alcanzar estados de consciencia ampliados donde sus capacidades más “conocidas” podían ser llevadas a un rendimiento extremo o, igualmente, podían surgir capacidades insospechadas. Sin ser estrictamente “científicas”, tales tradiciones proporcionaban nuevas y útiles “hipótesis de trabajo” acerca de la naturaleza humana y debían, por eso, ser tenidas en cuenta.

cabalaEstados modificados de consciencia

Es en este contexto que se puede hablar, hoy, de Psicología Transpersonal. Esta se presenta como una rama de la Psicología que estudia los estados modificados de consciencia que les suceden a los seres humanos que espontáneamente o por ser inducidos que van más allá del sueño, sueño y vigilia como estados tradicionalmente reconocidos y estudiados. Se dedicaron de este modo a investigar el mecanismo de inducción (por ejemplo técnicas respiratorias, relajatorias, danza ritual, , drogas “psicodélicas”, “biofeedback”), de la naturaleza, el significado y las aplicaciones terapéuticas o en general, prácticas de los estados modificados de consciencia. Algunos de estos estados llevan al individuo a sentir que trascendió, que fue más allá de lo que acostumbra a conocer como su persona, o su yo personal, para percibirse como una realidad mucho más amplia: de ahí el término “traspersonal”. El ser humano puede, en determinados momentos, acceder a experiencias que, yendo más allá de su experiencia común, le proporcionan ideales, visiones y aspiraciones distintivas y que tanto pueden influenciar su vida personal como, incluso, la vida de la sociedad en la que está inserto.

En el ámbito de la Psicología Transpersonal es hoy natural hablar de “Psicotecnologías”, como el conjunto de las técnicas que pretenden ayudar al ser humano a estimular en sí mismo y a dirigir estados de consciencia modificados positivamente, no patológicos sino, potencialmente, con gran potencial para promover la salud mental y física, (aunque claro, también pueden ser fuente de peligro – sobre todo cuando son mal conocidos y mal practicados). Estos estados permiten al ser humano ir más lejos en sus posibilidades de conocerse y dirigirse a sí mismo, dándole un mejor acceso a su propio inconsciente (que pasa a ser visto como permitiendo, para más allá del subconsciente estudiado por el Psicoanálisis, un “superconsciente” de donde emanan los mejores dest6ellos de intuición y creatividad, por ejemplo) además, también, un conocimiento diferente y más profundo de la realidad que nos rodea: el mundo social y físico, el Universo… En estos estados el hombre obtiene nuevas posibilidades de conocimiento y acción y alcanza respuestas distintas para sus propios dilemas fundamentales antiguos acerca de la naturaleza de sí mismo, de la vida, de la muerte, del Universo. Curiosamente, los psicólogos transpersonales han encontrado cierta convergencia de puntos de vista con varios de los más eminentes científicos físicos contemporáneos (por ejemplo David Bohm, Fritjoff Capra, Amit Goswami, Costa de Beauregard) al verificar que la consciencia humana influye incluso en la realidad físíca (una constatación corriente de la física cuántica es el hecho de que la consciencia humana modifica los fenómenos al medirlos). Todo sucede como si no fuera nada descabellado considerar que la existencia de la propia consciencia sea uno de los fenómenos constitutivos del propio Universo (una hipótesis planteada por McGinn, uno de los teóricos envueltos en las modernas polémicas acerca de la naturaleza de la consciencia – que se tornó asunto de debate en las neurociencias). Curiosamente, la existencia de estados modificados de consciencia con características propias, o la existencia de posibilidades humanas excepcionales asociadas a ellos, han podido ser investigados en un laboratorio ya sea gracias a los estudios de fisiología de practicantes mucho más avanzados de yoga o incluso a los estudios de de tradición universitaria (no confundir con todo un ”folclore” rico en charlatanería que ha proliferado en muchos lugares).

Complementariedad de conocimientos.

La Psicología Transpersonal se presenta, hoy, como uno de los campos de la Psicología que está en pleno desarrollo apuntando a una concepción del ser humano que, por no reducirlo a un organismo biológico condicionado y determinado por su propia biología y medio ambiente, lo recoloca en la posición de ser libre y dueño de posibilidades insospechadas. Sin embargo ella no contradice, más bien pretende complementar las adquisiciones de la Psicología en general – que son valiosas. Lo que esta reciente corriente pretende, eso sí, es ampliar nuestra noción del ser humano para incluir en ella porciones de experiencia y vivencia que pueden contribuir poderosamente a dar más sentido a nuestra existencia – que está hoy tan “amenazada” por el absurdo vinculado al consumismo desenfrenado  y la visión mecanicista. Y – se sabe muy bien como un dato procedente de investigaciones rigurosas – los hombres que sienten que sus vidas tienen sentido acostumbran a poseer mejor salud mental y vivir una existencia más alegre… Tal vez sea también por eso que una reciente declaración de la UNESCO (Declaración de Venecia, 7 de marzo de 1986) haya afirmado que: “El conocimiento científico, en razón de su propio movimiento interno, alcanza los límites en los que poder iniciar un diálogo con otras formas de conocimiento. En ese sentido, y siempre reconociendo las diferencias fundamentales entre la ciencia y la tradición, constatamos ya no su oposición, sino su complementariedad”.

Al final la Psicología Transpersonal ha promovido este diálogo y ha extraído de ella frutos importantes en la dirección de la visión del hombre como ser biológico, social, cultural y también emocional, intelectual y espiritual. Tal vez esa visión sea más optimista y más susceptible de contribuir a la mejoría de las condiciones de vida humana, y también más basada en un conocimiento pleno y más exacto del hombre, de lo que la noción de que todos somos animales inteligentes en competición unos con otros por la supervivencia social. Si así fuese, el optimismo podrá unirse al rigor científico para ayudarnos a construir otro estado de cosas en el mundo. Al final como cambiar la sociedad sin cambiar al hombre es como cambiar al hombre sin darle los instrumentos para modificarse a sí mismo.